La deuda de Marruecos con España ha aumentado significativamente en los últimos años, alcanzando aproximadamente 471 millones de euros a finales de 2025, lo que supone un incremento del 79% respecto a 2019, según el diario español La Razón. El periódico, citando datos del Ministerio de Economía y Comercio español, informó de que la deuda de Marruecos pasó de unos 264 millones de euros en 2019 a más de 471 millones en 2025, un aumento de casi 207 millones en seis años. Las mismas fuentes indicaron que Marruecos encabezó la lista de países con el mayor incremento en sus obligaciones financieras con España durante este periodo, por delante de países como Uzbekistán, Sri Lanka e Irán, mientras que otros países experimentaron un descenso en sus niveles de deuda a pesar de este aumento. El diario destacó que Marruecos ocupó el tercer puesto entre los mayores deudores de España en 2025, después de Grecia y Cuba, mientras que países como China y Egipto se situaron por debajo en la misma clasificación.
1. El Ritmo de Acumulación y Datos Clave
En el periodo comprendido entre 2024 y el primer semestre de 2026, la velocidad con la que Marruecos ha adquirido compromisos financieros internacionales se ha acelerado notablemente. De acuerdo con los registros de operaciones multilaterales y de mercados, el volumen total de la deuda externa acumulada por el sistema público y soberano del país ha superado la barrera de los 134.000 millones de dólares.
Este incremento responde a una estrategia deliberada de diversificación de prestamistas, donde destacan organismos multilaterales tradicionales, emisiones soberanas en divisas fuertes y créditos comerciales condicionados:
Fondo Monetario Internacional (FMI): Activación en 2025 de una Línea de Crédito Flexible (LCF) por 4.500 millones de dólares, diseñada expresamente como blindaje precautorio contra choques cambiarios externos.
Banco Mundial (BIRF): Una intensa actividad de fondeo que incluye 1.170 millones de dólares aprobados en 2024 (para reformas de empresas públicas, agroalimentación y gestión de residuos); 1.200 millones de dólares en 2025 distribuidos entre capital humano y el eje logístico de Casablanca; y un tramo de 500 millones de dólares en 2026 enfocado en empleo y crecimiento verde.
Mercados de Capitales (Eurobonos): La emisión soberana de deuda en mayo de 2026 por un valor de 2.250 millones de euros, captando liquidez internacional directa de inversores institucionales.
Créditos Bilaterales de Cooperación: Esquemas como la línea de financiación comercial firmada con España por 754,3 millones de euros para la compra de material rodante ferroviario (CAF).
Riesgos Estructurales de la Acumulación de Préstamos
Si bien la financiación externa evita el estrangulamiento inmediato de los proyectos de inversión pública, la concentración de pasivos introduce tres riesgos críticos para la estabilidad macroeconómica:
A. Vulnerabilidad al Riesgo de Tipo de Cambio
Aproximadamente las tres cuartas partes de la deuda externa pública de Marruecos están emitidas en monedas fuertes (principalmente euros y dólares). Esto significa que la economía marroquí queda expuesta a la volatilidad de los mercados de divisas. Cualquier depreciación del dirham (MAD) frente al euro o el dólar debido a choques geopolíticos mundiales eleva de manera inmediata el coste de amortización del principal y el pago de intereses en términos locales, encareciendo el servicio de la deuda sin haber adquirido nuevos préstamos.
B. Efecto de Desplazamiento (Crowding Out) Presupuestario
Aunque gran parte de los fondos provienen de entidades del exterior, los compromisos de cofinanciación nacional y las provisiones presupuestarias requeridas para avalar las garantías estatales absorben recursos del presupuesto general del Estado. Este fenómeno limita el espacio fiscal disponible para gastos corrientes puros en sectores vulnerables como la sanidad primaria o la educación rural, y reduce indirectamente los estímulos o las líneas de crédito doméstico orientables hacia las pequeñas y medianas empresas privadas del país.
C. Condicionalidad y Rigidez de las Cuentas Públicas
La obtención de recursos a través de ventanillas multilaterales como el Banco Mundial no es neutra; está asociada al cumplimiento de matrices de reforma macroeconómica. Si bien estas reformas persiguen la eficiencia a largo plazo, restringen el margen de maniobra de las autoridades para aplicar políticas fiscales expansivas o de emergencia ante crisis imprevistas, tales como las sequías crónicas severas que afectan con frecuencia al sensible Producto Interior Bruto (PIB) agrícola marroquí.
3. Amortiguadores de Liquidez frente al Riesgo de Impago
Para determinar si Marruecos se encamina hacia una crisis de balanza de pagos o hacia un aterrizaje suave, es imperativo contrastar la deuda acumulada con sus activos de reserva.
Actualmente, el país mantiene un colchón de reservas internacionales netas que ronda los 37.000 millones de dólares. Este volumen de divisas es suficiente para cubrir holgadamente más de cinco meses de importaciones de bienes y servicios. Esta posición de liquidez dota al Banco Central (Bank Al-Maghrib) de la capacidad necesaria para intervenir y defender la estabilidad de la moneda en el corto plazo, alejando el riesgo de un evento de impago técnico (default).
Asimismo, la estructura temporal de la deuda marroquí cuenta con una ventaja: un porcentaje sustancial corresponde a préstamos de carácter multilateral que gozan de tipos de interés concesionales (por debajo de las tasas comerciales del mercado) y extensos periodos de carencia, mitigando la presión de vencimientos inmediatos.
El Desafío del Retorno de la Inversión
En el caso específico de Marruecos, la dependencia de la deuda exterior funciona como una peligrosa hipoteca sobre su soberanía económica justo cuando el país enfrenta compromisos históricos como la modernización de infraestructuras para el Mundial 2030. Con un pasivo externo que ya rebasa los 134.000 millones de dólares en 2026, el Reino ha quedado atrapado en una vulnerabilidad cambiaria estructural, donde la necesidad de pagar los préstamos en euros o dólares expone sus finanzas al constante riesgo de que una depreciación del dirham encarezca el servicio de la deuda de manera incontrolable. Esta acumulación de créditos con el FMI y el Banco Mundial no solo genera una rigidez presupuestaria extrema que limita la capacidad del gobierno para responder con fondos propios ante crisis internas o sequías devastadoras, sino que además provoca un alarmante efecto de desplazamiento (crowding out). Al priorizar el cumplimiento de las condiciones multilaterales y el pago de intereses extranjeros, el Estado desvía recursos críticos que deberían fortalecer el desarrollo social, la educación y el tejido empresarial local, convirtiendo su ambicioso crecimiento económico en un rehén de los ciclos permanentes de refinanciación externa.