«De Valencia a ARGELIA: El obispo que prepara el puente entre el Papa y el Islam»

La tribuna

abril 12, 2026

El pasado enero, el Papa Francisco confió la diócesis de Laghouat, en Argelia, al misionero valenciano Diego Ramón Sarrió Cucarella. Miembro de los Padres Blancos y antiguo decano del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos de Roma, el obispo Sarrió dirige ahora una de las cuatro diócesis que recibirán la visita del Papa León XIV este lunes. En una entrevista con las Obras Misionales Pontificias, el prelado describe el perfil de una Iglesia definida no por el número de fieles, sino por la calidad de su presencia.

Según el obispo, en una entrevista publicada por El Debate, la realidad eclesial en Argelia es la de una comunidad pequeña pero «profundamente viva». Compuesta por estudiantes, trabajadores, migrantes y figuras religiosas de diversas nacionalidades, el obispo valenciano la describe como una «Iglesia mosaico» en constante renovación. Para Sarrió, el valor de esta comunidad reside en ser una presencia «humilde, fraterna y fiel» en medio de una sociedad mayoritariamente musulmana, alejada de cualquier búsqueda de visibilidad o poder.

Ante la inminente llegada del Santo Padre, la comunidad cristiana local vive el acontecimiento como un signo de comunión. El obispo valenciano subraya que, para una Iglesia tan pequeña, sentir la cercanía del Sucesor de Pedro les recuerda que pertenecen a un cuerpo más amplio. «Se espera, sobre todo, un fruto interior: que esta visita ayude a abrir los corazones a la confianza mutua, al encuentro y a la paz», afirma el prelado, destacando que el Papa llega como un «apóstol de la paz».

Una fe «desarmada»

El obispo Sarrió resalta un concepto que resuena con fuerza en su ministerio: el de una Iglesia «desarmada y que desarma». En sus palabras, la misión en Argelia no consiste en ganar terreno, sino en fomentar el encuentro. Esta propuesta se basa en la escucha y la cercanía, buscando ser una presencia humilde y fraterna en una sociedad de mayoría musulmana. Esto es lo que él llama el «diálogo de vida», donde evangelizar significa, ante todo, vivir el Evangelio.

La memoria de los mártires de Argelia también desempeña un papel fundamental en la identidad de esta Iglesia. Sin embargo, el obispo valenciano aclara que este recuerdo no se vive a través del dolor, sino como un llamado a la fidelidad. Estos hombres y mujeres, explica, no murieron «contra» nadie, sino «junto a» los demás, eligiendo permanecer con el pueblo argelino en sus momentos más difíciles. Este testimonio ha generado un sincero respeto entre la población musulmana.

Por ello, la misión es una vía de doble sentido. Afirma que en el encuentro con el «otro», el propio cristiano se evangeliza, viendo su fe purificada y enriquecida. Siguiendo los pasos de Charles de Foucauld y su «pastoral de la bondad», el diálogo interreligioso se convierte en una forma concreta de dar testimonio del amor de Dios, respetando siempre el ritmo de cada persona y reconociendo la acción del Espíritu más allá de las fronteras visibles.

El puente de San Agustín

La figura de San Agustín de Hipona emerge también como una referencia esencial para la Iglesia en Argelia. León XIV tiene previsto visitar Annaba (la antigua Hipona) el 14 de abril, lugar que el obispo Sarrió considera un puente entre culturas y religiones. Para el obispo, el legado del santo norteafricano es una invitación a volver al corazón y a comprender la fe como una búsqueda constante habitada por la misericordia de Dios.

Como párroco de una diócesis que abarca el vasto territorio del Sáhara argelino, Sarrió encuentra en el desierto un llamado a lo esencial. En este contexto, la misión se mide por la fidelidad más que por los resultados estadísticos. El objetivo, señala, es discernir lo que Dios ya está haciendo en la vida de cada persona y ponerse a su servicio, manteniendo siempre la esperanza en el Misterio Pascual.

«Los católicos nos acercamos a este diálogo con la convicción de haber descubierto, en Jesucristo, el auténtico rostro de Dios. Mientras esperamos que otros también puedan hacer este descubrimiento, buscamos discernir lo que Dios ya está obrando en la vida de cada persona. En definitiva, evangelizar es reconocer su acción y ponernos a su servicio», señala el prelado. En este sentido, el obispo valenciano aclara que su esperanza «no es un optimismo ingenuo, sino una profunda confianza». Mientras Argelia se prepara para recibir al Pontífice, la Iglesia local sigue apostando por esa cercanía, guiada hoy, con discreción y dedicación, por un misionero valenciano.

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